El Tiempo: Las mujeres ‘rotas’, una cicatriz que deja la pobreza

El Tiempo

By MARIANA ESCOBAR ROLDÁN

La mujer de la fotografía es Laxmi Bhatt, y aunque no es colombiana, su historia debería importarle.

Nació en el distrito de Baitadi, al oeste de Nepal. Se casó a los 15 años, tuvo su primer hijo a los 17, el segundo a los 18 y el tercero, seis años después.

Entonces, pensó que el nacimiento del último sería sencillo, que como siempre prescindiría de los controles médicos y que una partera local le ayudaría a dar a luz. Sin embargo, la distancia abismal entre su casa y un hospital complicarían todo.

Una noche, a los nueve meses de embarazo, los dolores de parto aparecieron, continuaron hasta la mañana siguiente y más tarde se asomó la mano del bebé. Aquel día en la aldea no había nadie con nociones de alumbramientos, de manera que su marido decidió que viajaran a India, donde se encontraba el hospital más cercano.

El viaje tardó tres días, demasiado para que la criatura de Laxmi sobreviviera y suficiente para que ella regresara a casa decepcionada y con un catéter en la vejiga, cuyo uso solo entendería 15 días después, cuando el dispositivo se desprendió por accidente y a ella le resultó imposible volver a controlar la orina.

Sin darse cuenta, su cama, las sillas o cualquier lugar donde se encontraba terminaban encharcados. Sus piernas y genitales se llenaron de dolorosas quemaduras y ampollas, y el mal olor que desprendía la fue arrinconando de la comunidad.

El parto prolongado había producido en Laxmi una lesión llamada fístula obstétrica. La masa ósea de su pelvis quedó comprimida por el cráneo del niño, y la falta de irrigación sanguínea en esta zona produjo la muerte de los tejidos, generándose así un orificio, o fístula, entre su vagina y su vejiga, que en otros casos también afecta al recto e impide no solo controlar la eliminación de desechos líquidos, sino también de heces fecales. (Imágenes: La vida incómoda de las mujeres con fístula)

Un informe presentado durante la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2008 revela que las mujeres con fístula obstétrica han sobrevivido a tres días de parto y, en algunos casos a más de una semana. En no menos del 90 por ciento de los casos el bebé nace muerto o muere durante la primera semana de vida, de manera que la madre, no solo pierde la esperanza de ver con vida a su pequeño, sino que queda con una incontinencia grave hasta que consiga ser operada.

Durante ocho años, Laxmi, la mujer nepalí, tuvo que usar ropa gruesa para disimular la incontinencia, situación que según el UNFPA (Fondo de Poblaciones de las Naciones Unidas) comparten dos millones de mujeres en el mundo, ubicadas sobre todo en África Subsahariana, Asia y Latinoamérica, donde la precariedad de los sistemas de salud en algunos lugares son causa de la afección.

Según Jazmín Burgos Alderete, cirujana paraguaya que ha realizado varias cirugías relacionadas de fístula, si bien en esta afección pesan la ignorancia, la falta de información y la discriminación para aquellas que no pueden acceder fácilmente a la reparación quirúrgica, “la fístula no es meramente un síntoma de pobreza”.

La experiencia de esta coloproctóloga le ha mostrado que con el aumento en la frecuencia de las cesáreas en todo el mundo, se redujo el adiestramiento y la manualidad por parte de los obstetras y ginecólogos para realizar partos normales. “Tenemos poco tiempo para sacar al bebé, menos práctica y por lo tanto más errores de los médicos”, insiste.

De acuerdo con Jimmy Castañeda, director de Educación de la Federación Colombiana de Obstetricia y Ginecología, “uno no puede decir que cualquier fístula es por falta de práctica de nosotros o por precariedad en el sistema de salud”.

Según el ginecobstetra, una mala cicatrización de un desgarro producido durante el parto o de un corte realizado por el médico para ayudar a la salida del bebé también puede originar la lesión.

“Esa cicatrización inadecuada puede suceder incluso si se hace en condiciones óptimas, por una persona bien entrenada”, insiste el doctor Castañeda, y agrega que si bien en Colombia la incidencia de casos es muy baja, hay pacientes con fístulas, como también hay especialistas preparados para atenderlas.

La gran ventaja para Colombia, explica el ginecobstetra, es que entre el 95 y el 98 por ciento de los partos se realizan en instituciones de salud. Mientras tanto, en Nepal, país sin salida al mar y enclaustrado en las montañas del Himalaya, la fístula obstétrica y otras morbilidades maternas son demasiado comunes, especialmente en las zonas rurales, donde ha habido una carencia histórica de salud materna adecuada y servicios obstétricos de emergencia, según explica Kate Grant, directora de Fistula Foundation, con presencia en el país asiático.

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